Deseo y Obsesión

Estuve pensando estos días dónde se ubicará esa delgada e invisible línea que separa el deseo de la obsesión. Si bien es, a grandes rasgos, clara la diferencia entre desear y estar obsesionado con algo o alguien, existe una zona oscura en el medio que es justamente la que genera problemas.
La diferencia fundamental podría ser esta: el deseante va en busca de su objeto (en sentido amplio, puede ser también una persona) y disfruta de esa búsqueda. Si bien su objetivo es alcanzar el objeto y disfrutar de/con éste, al deseante le apasiona el misterio, la intriga, la postergación momentanea del placer en pos de un placer superior.
El obsesivo, en cambio, busca llenar un vacío. Ésto le genera la necesidad de poseer un determinado objeto, que puede ser una droga, un bien, una sensación de adrenalina, una persona. Aquí, entonces, el camino no interesa, puesto que el vacío se llena solamente con la obtención del objeto buscado. Pero, ¿qué pasa? Luego de un breve tiempo de haber conseguido el objeto, la sensación de vacío vuelve, y el ciclo se vuelve a iniciar, ya con otro objeto (u objetivo).
Pero vayamos al caso de la atracción sexual: la diferencia entre desear a alguien y obsesionarse con alguien.
El obsesivo sufre cuando la otra persona no responde a su urgencia por encontrarse, urgencia que, como vimos, surge de la necesidad de llenar el vacío. Sin embargo, es posible que la otra persona no rechace de plano un encuentro con el obsesivo, si no que "juega el juego de la postergación" que es también el de la seducción. Esto pone aún más loco al obsesivo, ya que, al ver cierta correspondecia de la otra parte, mantiene firme la ilusión, que de otra manera se derrumbaría, y entonces su sensación de urgencia se mantiene viva y crece. Cuando la ilusión termina, el obsesivo Puede dar por terminada la situación de varias maneras: recluyéndose y dando por terminano cualquier tipo de contacto (lo cual puede generar un estado depresivo y de resentimiento), atacando y asustando a la otra persona (en los casos más graves, hablamos de violación y /o asesinato).
Así, el obsesivo, que en realidad no sabe como acercarse al objeto, va dejando cada vez más de ocuparse de sus otras actividades, puesto que su principal dilema es: "¿Cómo hago para conseguir a X y llenar el vacío? ¿Cuál es la fórmula?” El problema, es que el obsesivo se siente a merced del otro, deja totalmente en manos del otro (en sentido simbólico) la decisión del encuentro. Este darle poder al otro y quedar sujeto a su capricho, aumenta la sensación de angustia e impotencia del obsesivo.
El deseante, en cambio, sabe que el encuentro con la otra persona depende también de su actuación y no sólo del capricho de aquélla. El deseante sabe que también puede seducir y crear deseo. Por eso disfruta del contacto con la persona deseada, porque cada contacto le permite conocerla más e identificar sus gustos y motivaciones. El deseante mantiene firme su deseo, en cambio el falso deseo del obsesivo se desvanece ante cualquier eventualidad real o imaginaria, e incluso luego del encuentro sexual.
El deseo no es circunstancial, por eso el deseante tiene paciencia para la postergación, que no es otra cosa que esperar el momento en el cual los deseos de ambas personas se encuentren.
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